sábado, agosto 20, 2005

LA SALIDA DE LA CAVERNA

Música recomendada: “A Fine day to Die” (Bathory – Blood, Fire, Death) y “Life eternal” (Mayhem – De misteriis Dom sathanas)

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En una parte de la ciudad uno de mis seres se sentó frente al computador, puso sus dedos en el teclado y mirando la pantalla deseó por un momento que yo le ayudara a conocer una joven que cautivara sus podridas entrañas, ya estaba cansado de tan larga soledad. Decidí hacer corpórea su petición más por diversión que por misericordia y aunque no todo tiene un precio en mi mundo ese conjuro me lo tendría que pagar mas tarde.
En esa tarde Felipe estaba metido en un salón de chat muy concurrido por los tímidos y los facilistas que quieren encontrar pareja esperando sentados toda la vida hasta tener el golpe de suerte necesario. Pero esta vez era diferente, esta vez le concedería a uno de mis individuos el golpe de suerte, el golpe fatal.
Así que ahí estaba él, buscando algunos usuarios del género femenino y mirando desde los mensajes públicos quien entraba y salía de la sala virtual. Antes de que fuera a mandar un mensaje a todos los usuarios presentándose y exponiendo su necesidad vio un frío anuncio del servidor que anunciaba que Laurita15 había entrado al salón de chat.
Sin pensarlo dos veces y aprovechando antes de que cientos de hombres famélicos se le lanzaran aullando a la nueva mujer virtual, Felipe pensó dirigirle una frase ingeniosa, especial, que ningún hombre usara corrientemente y así ganarse la exclusividad de la chateadora nueva.

Warrior16: Desconocida, tengo un extraño presentimiento con su nick, necesito conocerla y calmar mi desasosiego que corroe lentamente mi mente y mis entrañas sin que pueda impedirlo.
Laura miró el mensaje que le mandaba el extraño y se rió, la frase parecía fuera de todo contexto pues casi nadie se presenta hoy en día ante una mujer desconocida con esas palabras inéditas sin ser tratado con desprecio.
Laurita15: y que corazonada es esa? me tiene muy intrigada desconocido.
Warrior16: no me pregunte porqué pero creo que usted es un ser inmortal, eso me dice mi dice mi amigo el sátiro que susurra a mi lado palabras ininteligibles.
La conversación estaba comenzando a tomar un matiz extraño, inusual lo que le daba magia a la fría conversación virtual; Laura le iba a preguntar si esas palabras se las escribía a todas las mujeres que encontraba en la sala virtual pero se arrepintió luego de haber escrito el mensaje y pensó que con el tiempo lo desenmascararía si era un hombre vulgar y común que aparentaba con frases pomposas.
Felipe se sonrió en la penumbra de la habitación y se preguntó:”¿Con quien rayos me habré metido?” pero luego pensó que posiblemente ella se alejaría de él si pensaba que la estaban tomando en broma. No tenía tiempo para retractarse, ahora venían las preguntas, se tenía que cerciorar que no era un espejismo fatuo que se esfumaría al acercarse.
Warrior16: Me llamo Felipe, quien eres tú? Humana o diosa?, quien está ahí a través de la pantalla sin que mi amigo pueda dejar de nombrarte?
Laurita15: Me llamo laura, y ahora soy un ser mortal aunque antes moraba en el cielo estrellado; tuve que descender hasta los mortales y donar mi vida eterna a un caballero inexistente.
Felipe se sonrió, ella estaba a su altura; respiró por un momento, cualquier pregunta en falso haría desaparecer la conversación entre la niebla.
Warrior16: Cuantos siglos tienes, creatura exquisita?
Laurita15: tengo 15 y tu?
Warrior16: te llevo uno, de donde eres?.
Laurita15: vivo en T…, en un apartamento al lado del lago.
Warrior16: el lago de hielo?
Laurita15: si, el mismo
Warrior16: yo vivo también cerca de ahí, de pronto nos hemos visto, mándame tu foto y yo te mando la mía pero ten cuidado de no mostrarte ante mí muy hermosa, no resistiría al saber que tendría que conformarme viéndote solo virtualmente.
Brujita15: Está bien, allá te va.
La foto que Laura le mandó a Felipe era la que mas le gustaba y de cierta forma le subía la autoestima; ese día que la tomó desde la cámara Web de una prima había llegado resplandeciente y luego de muchos intentos, salió ese plato exquisito. Estaba en su mejor ángulo, de perfil, con una cinta negra en el cuello, un mechón liso de su pelo negro cayendo por sus mejillas pálidas tocando a la vez uno de sus grandiosos ojos cafés rodeados de un tenue color negro y la nariz finamente respingada enfocada hacia la luz fría de la bombilla; todo el conjunto encajaba con una mirada extraña, distante, soñadora.
Cuando llegó la foto Felipe quedó por un momento sorprendido y se dijo que no estaba nada mal para ser una diosa de 15 siglos, auque lo que más le sorprendió fue que ese rostro fino y pálido le resultaba vagamente familiar, no sabía en donde lo había visto, tal vez en sueños, no se equivocaba.
Warrior16: No erraba al tratarte de diosa, puedo oler lo divino aunque nuestro único contacto sea virtual, no se como sigo estando con vida después que no cumpliste lo que te pedí.
Warrior16: ahí te va mi foto, es sólo para que te hagas una idea de mí.
Felipe miró cual de todas las fotos que tenía le podía mandar; en la mayoría salía un tanto triste y aburrido o a veces siniestro, tenía que mandarle una en la que no saliera mal; se decidió por una foto en la que él salía con un amigo en medio de una fiesta. Su pelo café oscuro despelucado le tapaba la mitad de ese rostro pálido como la cera y ambos con gafas oscuras miraban con seriedad a la cámara mientras exhibían sus cervezas al espectador. Su mentón era largo así como su contextura, y tenía una barba que lo hacía ver de más edad. Conforme con su canon de belleza masculina se dijo que esa era la mejor que podía mostrar.
Laurita15: cuál eres tú?
Warrior16: yo soy el de la izquierda.
Laura detalló mejor al joven y así como había sentido Felipe a ella también le resultó que lo había visto antes, en la calle, supuso, se equivocaba.
Laurita15: no estas nada mal para ser un esforzado caballero, me extraña que no tengas la cara llena de cicatrices por las batallas o es tu cabello el que las esconde?.
Ambos se sonrieron, estaban recordando un pasado que sólo vivieron en sueños; Laura había que tenido que mandar al carajo a un buen número de tipos para hablar solamente con él, sin recordarlo Felipe había logrado lo que se había propuesto con la frase ingeniosa.
El tiempo en mi mundo va a una velocidad vertiginosa, podría haber sido una conversación de años pero tan sólo habían pasado unos cuantos minutos, minutos que habían sido decisivos y así ellos lo sentían.
Laura cortó abruptamente la conversación luego de recordar que su papá iba a llegar del trabajo y la podía joder si la encontraba conectada.
Laurita15: oye, me tengo que ir, tienes Messenger?
Warrior16: Felwar66@hotmail.com y como es el tuyo?
Laurita15: Laurita1488@hotmail.com.
Laurita15: nos vemos a la media noche, si puedes, me conecto siempre por la noche.
Warrior16: está bien, nos vemos a esa hora, cuídate mucho!.
Laurita15: Cuídate tu más sobre todo no te metas en tantas batallas, no me gustan los tipos con cicatrices, aunque si eres un joven valientes como un caballero medieval no me importaría.
Warrior16: te aseguro que yo no te voy a defraudar, nos veremos en algún sueño, adieu!
Luego de despedirse el servidor mandó el mensaje que Laurita15 había salido del salón de chat. Felipe se fue a comer algo a la nevera y vio que afuera caía la noche; el alumbrado público comenzaba a cumplir su tarea bañando los apartamentos y las calles de un amarillo acre, triste, opaco; admiró toda la ciudad que se extendía desde la ventana de la cocina, afanada, nerviosa, bulliciosa, igual que siempre pero esta vez no le afectó su mugrienta mansedumbre. Luego de comer algo Felipe se tiró en la cama y se puso a pensar como sería ella en la vida real hasta que se quedó profundamente dormido.

De repente se encontró en la cumbre de una montaña. Al frente se erigía la boca de una cueva, en su mano había una antorcha y en el corazón de la gruta se alcanzaba a ver una luz invitándolo a seguir. Con la antorcha iluminando su sendero y la mirada resuelta se internó en la caverna. Caminó por un corredor de piedra que tenía en sus frías paredes palabras indescifrables escritas con sangre; sintió una extraña sensación de deja-vu y un vago escalofrío recorrió su cuerpo, pero no se inquietó y siguió caminando adelante. La llama seguía danzando cada vez más fuerte en el interior de la caverna hasta que se convirtió en una habitación iluminada por unas cuantas velas negras que dejaban ver un estrecho cuarto pentagonal de fría roca; en el suelo estaba dibujado también con sangre un pentagrama con varios círculos y un animal indescriptible inscrito en él. Escribiendo en la mesa vio a un joven que tenía una fisonomía levemente parecida a la suya, era mucho mayor que él, tenía el pelo largo y estaba todo vestido de negro. El joven estaba escribiendo en un viejo escritorio y tachaba algunas palabras del manuscrito mientras Felipe se acercaba. “Así que por fin has llegado, te estaba esperando desde hace mucho tiempo…”, le dije yo interrumpiendo mi trabajo. “Se que no me reconoces, no reconoces a tu amo y señor, eres un insípido títere sin memoria”, él me miró con una clara expresión de incomprensión; “no le entiendo” me dijo; y luego de tener conciencia que estaba en medio de un sueño me dijo desafiante: “nada de esto es real, estoy en medio de un sueño y usted es otra de mis pesadillas”; “no me puedes comprender todavía” le dije mirándolo a los ojos, “mientras que yo sólo te puedo comprender a través del papel y la tinta tu me podrías comprender con todos tus sentidos, pero no lo haces, por que yo no te lo permito; lee y verás que todos tus pensamientos y acciones ya están escritos… para ti no existe la libertad, eres una invención mía y haces y harás todo lo que yo te ordeno sin que puedas salir de los límites que te he impuesto”. Sus ojos horrorizados reflejaron que era real que no tenía voluntad de acción ni decisión; miraron con odio mis manos y todavía con un rayo de arrogancia e incredulidad se acercó hasta mí y vio lo que yo estaba escribiendo en ese momento. “No es cierto”, Dijo, “esto es un sueño, no puede ser cierto que usted sea mi dios y creador, esto es un sueño, yo soy el hacedor de mis actos, mis padres y la sociedad son mis creadores y nada de esto es real!”; y yo le pregunté al instante “leíste al pie de la letra todo tu pensamiento escrito en el papel, ¿cierto?” ya sabía la respuesta, “No me digas nada más, no estas preparado para ser libre al salir de mi cueva, huye de este lugar a aquél mundo inventado que llamas realidad y yo te llamaré cuando estés preparado” “y no te molestes” proseguí, “éste sueño sólo lo vas a recordar cuando a mi se me dé la gana, sigue tu vida, como si no hubiese pasado nada hasta que llegue el momento; unas líneas más abajo hablaremos…sólo vas a recordar que el espacio momentáneo que te creé no está hecho para los cobardes, ni para los débiles…”
La luz de las velas negras se apagaron y Felipe se encontró en la penumbra de mi cueva con un tornado de ideas machacando cada uno de sus sentimientos de realidad; palpando la pared de roca salió de la caverna y despertó.

Faltaban pocos minutos para las 12 y la casa estaba sumida en la penumbra y el silencio adormecido de la media noche; sus papás seguían soñando y el computador prendido seguía anunciado el mensaje que Laura estaba conectada. Por un momento pensó que si lo llegaban a descubrir chateando a la media noche lo podrían joder, pero luego se dijo “Este mundo no está hecho para los cobardes”. Y se levantó de la cama.
Salió de su habitación con mucho sigilo, sin hacer el menor ruido que alertara a sus papás y miró la ventana del Messenger. Solo estaba presente Laura en su larga lista de contactos. Abrió la ventana para chatear con ella y comenzó su conversación pendiente, charla que duraría hasta el amanecer cuando los rallos del sol empezaban a revelar sus más íntimos secretos.
Hablaron esa noche de mil cosas, de música, pensamientos comunes y actitudes frente a los demás, del amor y la muerte, de los problemas con su familia entre otras cosas. Laura se mostró ante Felipe como una niña idealista y solitaria, ella vería a Felipe como un joven soñador y algo pesimista; los dos compartían muchas cosas y a veces discutían sus diferencias hasta que alguno de los dos convencía al otro o cambiaban de tema. La conversación tomó un giro extraño cuando empezaron a hablar de su infancia pues ambos no habían crecido viendo los mismo programas de televisión ni las misma películas pero si leyendo mismo libros, Felipe no comprendía porque Laura había tenido una infancia alejada de los demás niños, solitaria, misántropa y asimismo ella no entendía porqué Felipe no había conocido todavía la joven que tanto buscaba siendo que no carecía de encanto ni aptitudes; “Creo que se ama a si mismo, es capaz de amar a otros pero no lo hace, que está esperando?, que es lo que teme?” Pensaba ella.
Lentamente fue amaneciendo la ruidosa ciudad noctámbula y Laura no se percató de que el amanecer estaba inundando la habitación de luz; siguió absorta en el computador hasta que amaneció por completo. Se despidieron como seres que temen ser descubiertos de las sombras que los esconden y cada uno se desconectó en seguida sin una gota de sueño, en sus cabezas no cabía otra palabra tan grande.
Laura se recostó en la cama pero no conseguía dormirse, sus ideas todavía seguían volando alrededor de Felipe; ¿que daría por hablarle y decirle personalmente todas las cosas que sentía y que pensaba en ese momento?. Se puso a leer un cuento de Poe pero las palabras del libro pasaban mecánicamente por sus ojos cafés oscuros sin que tuvieran algún sentido; iba a releer todo de nuevo pero lentamente, sin que lo pudiera evitar, el sueño la fue envolviendo en sus brazos apacibles.

Y así cayó repentinamente en la cima de mi montaña en donde en el corazón de mi caverna, yo la esperaba. Así como Felipe ella entró en mi recinto con una antorcha viendo sin entender las palabras sangrientas escritas en las frías paredes de roca y luego llegó hasta la habitación donde yo me encontraba. Ella pensó que yo era Felipe, y me lo preguntó, yo le dije que él era una parte de mí así como ella; le dije que yo la había creado y le daba vida con mi pluma y que aunque pensara que era absurdo y que fuera en contra de sus ideas presentes yo la entendía y si dejaba atrás sus prejuicios y se resignaba a aceptar la verdad yo le otorgaría lo que más ahora deseaba. “lo creo, y lo siento, pero todavía no lo entiendo, ¿que es lo que me quiere hacer comprender?” me preguntó “No te afanes” le dije,”quisiera lo mismo que tu: que tú y Felipe dejen de ser vagas palabras entrelazadas y se conviertan en seres reales”. Ella se asustó momentáneamente al escuchar su secreto cósmico y miró atónita lo que yo escribía con tinta roja en el papel; luego sus ojos pasaron una mirada rápida por el recinto pentagonal y con un hilo de voz me preguntó; “¿esto es real?”, y yo le respondí: “esto es tan irreal como la vida que tienes afuera de este sueño. Si deseas que tu y Felipe existan y que logren trascender su mundo ilusorio alguno de los dos debe hacerme un sacrificio de sangre digno del don que les estoy otorgando” “recuerda” proseguí, ”no es la primera vez que yo te llamo a conversar y ésta será la penúltima si me obedeces o la última si tu quieres seguir viviendo en la mentira de mi mundo imaginario, sólo te concedo hasta la madrugada de hoy para cumplir mi mandato, de lo contrario tu aparente existencia comenzará a olvidarse con el tiempo como un simple papel empolvado.”
Las velas que nos alumbraban se apagaron dejando todo envuelto en la oscuridad y Laura salió tanteando la fría pared de roca y despertó.

Debo aclarar que a diferencia de Felipe ella si estaba preparada para entender la sentencia mortal que yo le trasmití; había sufrido tanto en toda su vida, un poco alejada de esa enferma sociedad que era un blanco fácil para que yo pudiera convencerla luego de presentarme varias veces en sus sueños. Primero pensó con incredulidad que solo había estaba soñando, pero lentamente comenzó a entender la verdad, entendió que todo el rompecabezas estaba armado y las piezas que yo le había dado desde hace tantos años encajaban perfectamente; no se molestó en informarle a los otros que estaban viviendo en una existencia prestada, que eran simples actores secundarios, no tenía voz para gastar con los sordos.
Laura se dio cuenta que ya era de noche, había dormido hasta muy tarde, tenía que comunicarse con Felipe urgentemente. Se conectó al Messenger, estaba impaciente, ansiosa, no le quedaba mucho tiempo, estaba en juego su vida.
Felipe en ese momento soñaba que se encontraba en un bosque encantado y veía a un grupo de ninfas bañándose en un río, entre esas estaba Laura, la más hermosa de todas y de repente se daba cuenta que ellas no se bañaban en un lago sino en una tina de sangre; fue en esa escena que despertó. Laura seguía ahí esperando y perdiendo la paciencia, le escribió rápidamente un e-mail:
“Hola Felipe, necesito hablarte urgentemente; te pido que nos veamos en el último piso del edificio en construcción al lado del lago a media noche, por favor, es de vida o muerte, te espero allá.”
Laura se vistió de negro como siempre y salió a la calle; rodeó el lago hasta encontrar el coloso de concreto y ladrillo esperándola pacientemente.
Abriendo con una navaja una entrada a través de la lona que rodeaba la construcción se metió al edificio y subió los 12 pisos hasta llegar al punto de encuentro; se sentó en el borde del piso de cemento y con los pies en el aire y la mirada puesta en la afanada ciudad surgiendo ante ella esperó a que Felipe llegara.
Él se despegó de la cama dos horas después de que Laura le mandara el e-mail; salió de su cuarto sin hacer el menor ruido y se conectó al Messenger. Ella no estaba, solo estaban conectados otros amigos y se puso a chatear un momento con ellos hasta que miró el extraño correo. Aunque leyó con incredulidad la veracidad del mensaje porque pensó que era muy extraña una cita en ese lugar tan de noche, pero no perdió tiempo y se vistió de negro como si fuera a asistir a un funeral a media noche y salió a la calle. Llegó a la construcción y se metió al recinto a través de un pedazo de lona rota, buscó las escaleras y empezó a subir rápidamente los niveles. Cuando llegó al último piso, vio a Laura sentada al borde del vacío extasiada con el viento nocturno mientras contemplaba la noche.

Felipe se sentó a su lado sin que ella lo notara y la miro un rato, era la misma ninfa que había visto en el lago del bosque encantado, solo que ésta vez estaba vestida con botas que le llegaban hasta las rodillas, Jean negro, un saco negro con el logo de un grupo de música, el pelo largo, liso, suelto y libre en el viento nocturno, la cinta negra en el cuello fino y delicado y la misma mirada soñadora que vio en la foto. Cuando ella lo miró sonrió y le besó la mejilla. Felipe se dijo: “Nunca me imaginé que fuera así de hermosa por dentro y por fuera”. Ella leyéndole los labios le correspondió el cumplido con una mirada de medusa que lo dejó hecho piedra por unos segundos, y aunque sabía que él esperaba una respuesta o por lo menos una exclamación sólo puso una mirada lánguida y triste y miró a la luna llena que volaba apartándose de las nubes.
Duraron media hora sin cruzar ni una sola palabra, y en la cabeza de ambos miles de pensamientos danzaban un baile armoniosamente silencioso. “¿Que pasa?” pensó Felipe; segundos después Ella le escribió en un papel arrugado “no te vallas a alejar de mi si te digo mi secreto”.
Felipe recibió la nota regresando al escenario y la miró pidiendo una explicación; sus ideas empezaron a tratar de descubrir el secreto de Laura pero aunque podían ser miles de cosas él lo comprendió; Felipe la miró con cariño y luego la abrasó; le susurró que aunque quería oír una voz dulce en esa mirada de miel no importaba, él la quería de todas formas aunque no le pudiese hablar. Ella se sorprendió al notar que él había intuido que desde la infancia ella no podía susurrar una sola sílaba; ella no pudo contener su debilidad ni sus lágrimas y lloró en sus brazos por un momento. Él le limpió las lágrimas con su mejilla y puso sus dedos en su fino cuello y la besó. Se besaron hasta que la luna congelada y yo fuimos los únicos testigos que sin palabras se entendieron y se juraron lealtad eterna, como un caballero a su dama, como la noche a la luna, como la muerte se la jura a los vivos.

Entonces en ese momento yo, la ciudad, la luna y la noche los veíamos desde arriba y ellos lentamente se olvidaban de todo lo decadente y podrido que los rodeaba con temor. Entre las sábanas del viento nocturno se amaron con desenfreno hasta que Laura mirando el cielo se dio cuenta que la hora estaba por llegar.
Laura le escribió dejando por un momento el goce presente unas tenues palabras: “Alguno de los dos debe morir antes de que salga el sol y ya quedan pocos minutos antes de que el plazo se cumpla, puede sonar extraño pero debes confiar en mi, soñé con el mítico ser de la caverna que te había comentado antes”.
Al principio Felipe no la entendió y se sonrió, pero poco a poco empezó a recordar y a dejar atrás por un momento todo sus pensamientos presentes y se vió de nuevo en la caverna recordando como yo escribía su vida en un papel. Él quería fingir que no o recordaba, pero aunque lo intentó no pudo hacerlo. “Si, yo también soñé con él, lo recuerdo, pero no entiendo cual es el propósito del sacrificio” y ella le escribió: “él necesita que alguno de los dos lo haga antes del amanecer para que podamos trascender los límites del papel y la tinta irreal que nos impuso, eso fue lo que me prometió, por eso estamos ahora aquí, para cumplirle y juntos dejar de una vez por todas este lugar ficticio y derrumbado”.
Felipe ahora comprendía que significaba lo del sacrificio, pero de todas formas prefería pensar que era una ilusión a que alguno de los dos tendría que morir. Descifrando su mirada taciturna y sombría Laura descubrió un leve temor en los ojos de Felipe, pero se anticipó y le escribió: “me siento preparada para esto, yo me sacrificaré en nombre de los dos”. Felipe la miró con impotencia y le dijo: “No es cierto!, es sólo una coincidencia, no puede ser verdad!”. Felipe miró el suelo que la esperaba con impotencia y ella le escribió en el papel arrugado otras líneas: “No te desesperes, es necesario que uno de los dos lo haga, desecha por un momento el placer presente para ganar más en el futuro”. Y él le dijo con duda en sus ojos ardientes: “Y si todo esto termina siendo un estúpido sueño tu habrá muerto innecesariamente y yo quedaré caminando solo una vez mas!”. Felipe se sintió por un momento incapaz de seguir sin ella su vida y ella lo comprendió y lo abrazó. “Es ahora o nunca, recuerda que sólo nos da plazo hasta que salga el sol” le escribió en el papel mojado y por último le escribió un “te estaré esperando”. Laura le entregó el papel arrugado, se paró con rapidez y antes de que Felipe la detuviera se lanzó al vacío finito. “No!” gritó Felipe y la sujetó de la mano desde el borde antes de que cayera. “ ¡No lo hagas, por favor!” gritó desesperado mientras se desprendía lentamente el guante negro de la mano de ella. Y con una mirada triste Laura le donó la última sonrisa y cayó por el aire hasta dar secamente contra el asfalto; abajo ella todavía lo seguía mirando.

Felipe miró el cuerpo inerte de Laura con una honda tristeza y desesperación y con el guante negro apretado en su puño hizo surgir miles de preguntas y maldiciones hacia mi y hacia todo. Con los ojos llameantes desde la altura gritó desesperado: “Te maldigo!, te maldigo mil veces! Maldito dios que juegas con tus creaciones, te maldigo por quitarme lo que más quería en ésta maldita vida, sin decirme que papel juego en este decadente escenario; también la maldigo a ella” dijo señalando la ciudad estrellada “la maldigo a esa ciudad bulliciosa y podrida que creaste para nosotros, que se afana en autodestruirnos y en llevarse consigo a todo el que se le atraviesa, solo encierra estupidez y vejación entre sus muros de ladrillo y concreto!” el grito desesperado abandonó su corazón por un momento pero luego de retomar el aliento arremetió con más furia: ”¡progreso!,” dijo mirado la ciudad “el jodido progreso a la putrefacción y a la miseria, de que sirve la jodida tecnología si nos ayuda a ser unos entes dependientes, quiero que me dejen en paz, quiero sufrir en silencio, quiero sufrir en soledad, quiero sentir el amor, el jodido amor, que me lo das en un instante y tu, cruel bestia, luego me lo quitas!”
Felipe iba a tirarse desde la altura pero se arrepintió, a pesar de todo en ese momento no le di el valor suficiente ni la férrea determinación de Laura porque pensé que estaba demasiado apegado a su vana existencia y eso era lo que más le dolía; le dolía que en ese instante funesto no tenía la valentía y la fuerza del guerrero que tanto había valorado en todos estos años.
La ciudad, que se veía a lo lejos, le parecía cada vez más una cárcel, descubría el nuevo día desde unos barrotes en forma de cerros, descubría una mañana gris como todas, una mañana senil y decrépita. Felipe inmerso en el silencio fue comprendiendo todo con los primeros rayos y despejó por un momento sus ideas macabras hasta que se dio cuenta de que ellos dos no eran primordiales para la ciudad, para el tiempo, el espacio y para mí, se dio cuenta que sólo eran un soplo efímero como todo lo que lo rodeaba.
Evocándome y buscando el microcosmos a través de su fuerte deseo pudo fusionar su mente con el cosmos infinito y logró alterar la energía que lo rodeaba hasta traspasar las barreras del espacio y el tiempo, las barreras de la vida y la muerte; logró volar lejos de las garras de la existencia.

A la mañana del otro día encontraron el cuerpo de Laura y también el cadáver de Felipe en el techo de la construcción, y aunque trataron de despertarlos, era inútil; eran los más vivos en ese mundo de cadáveres; Felipe fue uno de los pocos que habían logrado viajar intemporalmente al planeta del sueño, un viaje que pocos se habían atrevido a hacer, logró escapar de la cárcel que yo le construí.
Felipe voló hasta la cima de mi montaña y por segunda vez entró en la caverna; con la mirada decidida y descubrió que las palabras escritas en la pared de roca formaban las frases y fragmentos del pasado que yo le di, eran su historia, su vida y su muerte, aunque ya nada de eso le importaba. Cuando llegó hasta donde yo escribía me dijo “Ya estoy listo”. No pude ver el fuego en sus ojos y la determinación de su semblante pálido pero los imaginé, no lo podía negar, el estaba preparado para escapar del limbo que yo le había impuesto.
Le di el manuscrito que había trazado con mi propia sangre, con mi propia vida, y le señalé una sombra recostada al lado de mi silla. Laura salió de la penumbra y vi brillar los ojos de ambos en la tenue luz del recinto; se despidieron de mí con una reverencia y luego Felipe con el manuscrito en una mano y tomando a Laura con la otra miró la oscuridad proyectarse ante él invitándolo a marcharse; se miraron a los ojos por unos segundos y en silencio salieron de la caverna.





2 Comments:

Blogger Pablo (POL) said...

Ey viejo, buen cuento, buena la idea de narrador-creador, se puede hacer mucho con eso. Bueno, solo le dejo el saludo y nos estremos leyendo por ahí.

(juemadre, se divirtió escribiendo, ah?)

12:54 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

German:
Es excelente, todo, todo es excelente, esta muy bien creado, las descripciones dibujaron un mundo en mi imaginacion, y que alegria que salieron los dos, juntos, de la caverna!!

Si me lo permites, lo leeré de nuevo!!!

1:54 p. m.  

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