jueves, agosto 11, 2005

Cuando ella aparenta dormir...



Sin miedo veo la calle, a media noche, cuando las luces ya son pobres como las caras de los andantes de esta ahora callada ciudad… no tengo porque temerle, no debo, porque además de que me ha dado todo lo que poseo en mi mente nunca me ha hecho sentir y pensar como un ser que se diluye en la nada en lo absurdo, en lo irreal.
Me encuentro como todas las noches solitario, caminando entre mi hermosa pesadilla urbana, dando pasos que en realidad no tienen un fin específico, no tienen sentido ni resoluta fascinación, solo vagan solitarios por la oscuridad del concreto a la media noche…
Veo a mis pies impregnadas huellas en el pavimento la vida de aquellos que anduvieron acá antes que yo; tal vez nunca existieron, nunca trataron de desarrollar una palabra que supusiera la vida, tal vez solo son y fueron espectros que atormentan a aquellos seres que temen más a la vida que a la muerte o a las dos juntas.
Veo a mis pies todo un engranaje decadente de cemento, ladrillo y desechos que no precisamente sería grato en esta noche para un espectador nocturno como yo, pero de todas formas todas esas cosas no me importan, porque solo quiero admirar como el frío juega con cada uno de mis miembros y el silencio trata de revelarme suavemente sus más preciados secretos; así pues divagaré y ensoñaré hasta el amanecer.
Hoy ya estoy cansado del bullicio, afán y torpeza que se apoderan de mi ciudad como una horrible sanguijuela que se chupa lentamente mi quietud; quiero estar solo y meditar sobre mi destino en tranquilidad. Me gusta la ciudad cuando está callada, cuando duerme en un sueño tranquilo que nadie osaría despertar por temor a que ésta se sacuda con furia. Contemplando la luna me doy cuenta que los nítidos rayos que ella revela en los inmensos edificios desvelan nítidamente lo que cada uno contiene en su interior; lo puedo ver claramente, mucha gente como yo velando aunque con fines diferentes, con fines netamente “productivos”; en cambio yo estoy haciendo algo que para muchos es absolutamente improductivo pues tan solo estoy pensando en lo impensable.
Es agradable ver como cada vez como la ciudad se come a sus habitantes en una vorágine donde el más débil muere tragado vivo, sin contemplación, y es obligado a vagar por las calles a morar entre los muertos porque ésta en vez de refugiar al más débil o desprotegido lo que hace con sus mugrosas manos grises es enterrarlos poco a poco, hasta que ninguno logre sobrevivir: el verdugo más atroz para cualquier existencia irresoluta. Pero ella no distingue absolutamente a ningún ser vivo, nos trata a todos igual pues así como el hombre que la construyó ella es totalmente ciega y sorda y no le importa que la vean con desdén o con gratitud pues al final de todo está condenada a ser destruida y reconstruida, como el fénix renace de las cenizas.La ciudad cierra lentamente sus puertas para los que en ella duermen pero las abre para la gente que vive en la penumbra y que no le gusta tanto bullicio, así revela sus pensamientos pues ahora creo que ella es un ser nocturno como yo que espera a todos aquellos que sean un poco pacientes para dialogar con ellos así como yo lo hago en este momento, pues ésta no fue creada para ser un centro de reunión y producción para las personas como todos creen sino más bien fue creada para que concentre mucha más gente para así eliminar más fácilmente y con más precisión a los hombres y mujeres que viven en ella.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Es un cuadro excelente!
Te felicito German !!

2:04 p. m.  

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